La diplomacia de la moda:
¿Para qué le sirve a Colombia una
Embajadora de la Moda?
Hay una delgada línea entre la moda como vitrina de lujo y la moda como motor de desarrollo público. Tras el nombramiento de Silvia Tcherassi como Embajadora Ad Honorem de la Creatividad y la Identidad de Colombia, analizamos el modelo de las potencias globales para entender si la alta costura nacional puede convertirse, de verdad, en una herramienta de país o si se quedará atrapada en una foto de portada.

No es algo nuevo que se usen el diseño y la creatividad como medios diplomáticos. En Francia, Italia y el Reino Unido, se busca que las industrias creativas tengan enfoques estratégicos alineados con el Estado y su fortaleza económica.

Por su parte, Italia, con el sello Made in Italy, ha sido líder en la excelencia industrial, el patrimonio histórico y la identidad de marca. Milán opera como la capital global del diseño de interiores, mientras que la moda se especializa en el fatto a mano y, por supuesto, la dolce vita actúa también como una protección de la marca país a través de la gastronomía.
Francia se basa en la moda y el lujo con las casas de alta costura de conglomerados globales como LVMH, lo que ha convertido al país en la imagen indiscutible de la sofisticación. Más allá de la moda, el cine y plataformas como el Festival de Cannes, así como los museos y la gastronomía, terminan actuando como una diplomacia diferente a la convencional.


El Reino Unido comercializa a gran escala la economía del entretenimiento a través de la tecnología innovadora. En cuanto a la música, es uno de los países que exporta más de lo que consume. Ni hablar del cine, la televisión y la radiodifusión, que han alcanzado dimensiones globales atrayendo infraestructura e inversión extranjera. Además, se ha consolidado como un ecosistema muy atractivo para escuelas de diseño y arte, lo que atrae talento internacional y retroalimenta su motor creativo.
¿La alta moda y la cadena productiva interna realmente van de la mano?
Figuras como Tcherassi tienen el alcance global para acceder a escenarios poco tradicionales. No hay duda de que puede actuar como una puerta de entrada a lo que Colombia, desde su identidad local, proyecta como lujo. Viéndolo de esta forma, podríamos tener la ilusión de que la industria nacional finalmente entre en la agenda pública.
Más que cuestionar si los grandes diseñadores del país merecen reconocimiento —que lo merecen—, debemos revisar cómo estos cargos representativos se traducen en acciones reales. Si bien este nombramiento honorífico se hizo con el fin de que la diseñadora consolide la moda como una herramienta de diplomacia cultural y promocione la identidad nacional, me pregunto: ¿existirá un mecanismo claro para que este nombramiento alcance a las pequeñas confeccionistas, a los talleres regionales y a los artesanos?
Al ser un cargo ad honorem —lo que implica una falta de presupuesto ejecutivo, de capacidad legislativa y de herramientas directas para resolver problemáticas como el costo de insumos, el contrabando textil o la falta de garantías laborales—, ¿cuál será realmente su alcance y cómo se llevará a cabo?

Me encantaría que esta designación logre trascender el gesto político y la foto en portadas para que la moda llegue a ser parte de un engranaje más robusto. Por mucho tiempo, al Estado le ha hecho falta integrar de verdad la creatividad en su agenda; pero más allá de nombrar embajadores, se requiere un respaldo real para que las marcas emergentes puedan escalar industrialmente, cuidar el comercio justo con las comunidades de forma integral y abrir canales para que la proyección internacional deje de ser un privilegio de unos pocos.

Si bien este puede ser un paso válido para celebrar que la identidad nacional dialogue con el mundo, lograr que este nombramiento conlleve bienestar económico y social para todo el sector textil será la verdadera tarea del Estado y de la nueva embajadora.
Elegir a Silvia Tcherassi no es un hecho aislado. La diseñadora barranquillera cuenta con más de tres décadas en la industria, consolidándose como una de las creadoras con mayor alcance e impacto internacional de nuestro país. Tcherassi fue la primera diseñadora latinoamericana en participar en las pasarelas de Milán, construyendo desde allí una presencia sólida en Estados Unidos y Europa.

Camila Jaramillo
The Mess Magazine